EN SONORA NO SE SIMULA COMBATE AL FEMINICIDIO

EN SONORA NO SE SIMULA COMBATE AL  FEMINICIDIO

SSSSSSSS… Tema ineludible desde la semana pasada y seguro lo será el resto de la que corre y la siguiente, es el Paro Nacional convocado por agrupaciones feministas para este 9 de marzo con el hashtag #UNDIASINNOSOTRAS y el lema “El Nueve Ninguna se Mueve”, cuyo único propósito era –porque ya no lo es- crear conciencia en las autoridades federales acerca de la urgencia de detener la violencia de género en contra de las mujeres de todo México, habida cuenta que no solo se han dado en el centro del país los  asesinatos de féminas, aunque sí los casos más sonados.

Este movimiento no alentado por ningún grupo o partido político en particular, fue adquiriendo un eco inusitado sólo a partir de que López Obrador lo despreció, lo minimizó, a tal grado que cuando hacía referencia al mismo, se limitaba a pedirles a las feministas que no rayaran los edificios ni los monumentos históricos; que él las respetaba; pero que ellas también lo hicieran.

Y mientras maduraba este movimiento se seguían registrando crímenes horrendos en contra de mujeres, niñas incluidas, ante lo cual las incapaces autoridades de la CDMX no ofrecieron siquiera la mínima atención y respeto por las víctimas ni sus familiares.

Para nadie en la capital del país ni en provincia es ajena la idea de que ideológicamente este movimiento femenil tenía –y tiene aún- una identificación ideológica con el lopezobradorismo, lo que volvía aún más extraña la circunstancia de que la Presidencia y los operadores políticos del Ejecutivo le negaran la atención debida.

Hasta que esto se desbordó y el mentado “paro nacional” al que habían convocado estas feministas despertó la simpatía de todos los grupos defensores de los derechos de la mujer –que no son pocos- los cuales luchan en todo el país y su movimiento recibió todas las adhesiones posibles.

En pocas palabras, dejaron de necesitar la figura de López Obrador y avanzaron de tal manera que desde absolutamente todos los sectores sociales, políticos y económicos del país recibieron el espaldarazo, algo intolerable para el Presidente, quien de inmediato frenó a su esposa Beatriz Gutiérrez a desdecirse en unas cuantas horas y obligó a funcionarias de primer nivel como la mentada Eréndira Sandoval de la Secretaría de la Función Pública; la titular de la SEGOB, Olga Sánchez Cordero; Rocío Nahle a poner la cara de que ellas no pueden participar en el paro nacional del 9 de marzo.

Para los entendidos, eso significa que López Obrador fue rebasado por su propias huestes de militantes mujeres, fieles, bravas, de protesta, resueltas a conseguir sus propósitos, que por lo demás sus demandas no eran descabelladas, pues sólo exigían que se persiga, se castigue y se se le ponga un “hasta aquí” a los feminicidios porque a la fecha, junto con el ominoso récord de haber sido el 2019 el año más violento en la historia del país, también de manera inusitada el asesinato de mujeres repuntó a niveles jamás vistos.

Y lo peor, que exhibiendo un pobre “timing” salió el Fiscal Alejandro Gertz Manero a decir que debía reclasificarse el delito de feminicidio por una serie de razones que demostraron ser el reactivo para que se fermentara de un ´día para otro ese caldo de cultivo.

Tal es el panorama de fondo: La soberbia del gobernante y su resistencia a escuchar las mínimas demandas de una población que más allá de ideologías, sólo quería hacer notar que ya es hora de que cesen los discursos, las inservibles mesas de la paz, las reuniones, y todo esa parafernalia burocrática en que ha convertido López Obrador su personalísima estrategia de seguridad pública basada en “Abrazos, NO Balazos”; “Becarios, NO Sicarios” los “Temibles Escuadrones de las Abuelitas contra el Crimen Organizado” y todas esas paparruchas –que nadie con dos dedos de frente acepta, menos los de su Gabinete de Seguridad Nacional- de que “hay que resolver primero las condiciones materiales que generan marginación, pobreza, ignorancia, desigualdad y bla, bla, bla” y que en los 15 meses de gestión de AMLO han generado CERO RESULTADOS.

 

En aquel lejano 1968 las autoridades federales encabezadas por Gustavo Díaz Ordaz TAMPOCO querían escuchar las demandas de democratización de un puñado de estudiantes y sólo unos meses después tuvo que enfrentarse a la demandas de las grandes capas de la población. Se negó a aceptar que esa forma de hacer política ya no funcionaba. El resto es historia.

Pero López Obrador, a diferencia de Díaz Ordaz,  no reprimirá a las feministas, por más desmanes que cometan, cuando menos no de aquí al  9 de marzo. Su estrategia será otra.

Por eso no debe extrañarnos lo ocurrido el pasado domingo en Hermosillo, cuando un contingente de entre 1,500 y 2,000 mujeres –jóvenes en su gran mayoría- salieron a la calle a manifestar su solidaridad con el Movimiento Feminista que promueve el Paro Nacional y fueron pintarrajeando edificios públicos y al llegar a la sede del Poder Judicial, cometieron actos de vandalismo, azuzadas por elementos bien identificados, en un endoso artificial para el estado de Sonora del problema de violencia contra las mujeres que existe a nivel central, donde la exigencia de resultados en el combate a la inseguridad a la gestión de López Obrador ya no está focalizada en una cuestión de género, sino que ahora ya agarró vuelo y la bandera es en contra de la incapacidad para combatir a la delincuencia.

La estrategia de AMLO parece ser la de debilitar el apoyo que ha recibido el Movimiento Feminista que le brindaron de manera entusiasta la gran mayoría de los gobiernos estatales, instituciones públicas y privadas, así como de grandes firmas industriales y comerciales, convertido ya en una demanda de todos los mexicanos, no solo de las mujeres.

Aún faltan 15 días para el 9 de marzo, tiempo suficiente para que el gobierno de López Obrador maniobre con cada uno de los estados y logre retirar esos apoyos, organizando zafarranchos quizá con huestes de la CNTE, sus porros del alma, al mismo tiempo que irá jalando al diálogo a las cabecillas del movimiento, a las que les ofrecerá todo tipo de prebendas, menos resultados  en detener el feminicidio porque para eso este gobierno NO quiere usar su capacidad para hacerlo.

Está pensando en la siguiente elección, la del 2021, objetivo donde tiene centrada toda su atención. No se permitirá otra cosa que ganarla de calle; de todas, todas.

Mientras, el problema de la inseguridad en el país está desbordado, al igual que se avecinan tiempos más que difíciles para las finanzas del Gobierno Federal, que simple y sencillamente No ve de dónde pueda obtener -tal y como lo vaticinó Carlos Urzúa, ex titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público- los recursos que necesita para operar su clientelismo electoral el próximo año.

Tiene ante sí un panorama un tanto complicado López Obrador. Pudo haber atendido las demandas de las manifestantes, hacer suyas todas las banderas que traían -y traen-, porque son legítimas, sensibles y es además totalmente cierto que en este país se ha desbordado la criminalidad y se cometen actos atroces, como bien lo señalara el Embajador de los Estados Unidos, Christopher Landau, para luego soltar que así no pueden vivir ambas sociedades, sin que tengamos maldita idea de lo que haya querido decir el mentado gringo.

Pero, como dicen los enterados, así como López Obrador orquestaba abucheos a los gobernadores en cada uno de los estado que visitaba al inicio de su gestión, así irán organizando sus operadores en otras entidades aquelarres como el del domingo aquí en Hermosillo, lo cual seguramente le funcionará porque no es más que la misma estrategia de “O te aclimatas…” que les recetó a los empresarios “fifís” a los “camajanes” como él les llama, de invitarlos a cenar y propinarles una mordida de 1,500 millones de pesos, sin que nadie sepa hasta ahorita adónde se fue ese dinero.

Así que es irrelevante quién o quiénes estuvieron detrás de los actos vandálicos del domingo, de quien se sume o se deslinde del Paro Nacional de las Feministas. Los que apoyarán sabemos por qué lo hacen y los que NO, pues también son sabidas sus razones y no pueden ir más allá de ellas. Las batallas campales en twitter no son más que esfuerzos por posicionarse de quienes tienen aspiraciones políticas muy por encima de sus capacidades y ello nos recuerda que en el 2018 hubo no pocos, SINO MUCHOS candidatos del partido de López Obrador que hicieron campaña única y exclusivamente en redes sociales… y ganaron.

Así que si Usted ve esos encontronazos y agarrones en el twitter, recuerde que no son sino las campañas adelantadas de “ya sabemos quiénes” y que en nada tienen que ver con las causas de las mujeres que a diario son asesinadas impunemente en todo el país, porque si a López Obrador NO le importan, tampoco a sus cuadros. Tan sencillo como eso. Decir sus nombres es hacerles el caldo gordo, como se dice coloquialmente.

Por lo demás, mal se vieron y se verán quienes intenten colgarle a la Gobernadora Claudia Pavlovich el sambenito de indiferencia hacia el abuso, maltrato, acoso, violencia de cualquier tipo en contra de las mujeres, los niños y de las familias. Ella ha sido impulsora desde la paridad de género en los procesos de elección de candidatos; en su gabinete brilla el equilibrio entre las capacidades de mujeres y hombres y es Sonora el estado con mayor número de casos de feminicidios que han aterrizado en resoluciones condenatorias y donde los responsables purgan penas de hasta 70 o más años de cárcel.

Curiosamente esas sentencias fueron dictadas en el edificio dañado por las mujeres manifestantes del pasado domingo, lo cual revela que las acciones tuvieron un gatillo que jaló alguien con otras intenciones más que claras.

En otras palabras, si alguien tiene la voz completa para apoyar un Paro Nacional en solidaridad con las mujeres que exigen justicia y castigo para los feminicidas de otras latitudes del territorio nacional esa es la Gobernadora Pavlovich.

Y en caso de que no lo hiciese, ahí estarían de cualquier manera los resultados de su acertada política en materia de persecución y castigo a los feminicidas y en términos generales, los esfuerzos de su gobierno por atender a la mujer en todos los sentidos posibles en busca de su protección y mejoramiento de su entorno personal, profesional, familiar y sus demandas de justicia en términos de equidad de género establecido en la Ley y no como una graciosa concesión gubernamental.

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